Me gusta
quererte en ratitos y maldecirte en eternidades,
pensar en
jamás volver a buscarte,
y un día
de estos, en cualquier arranque,
ir directo
a encontrarnos.
Soy
aficionada de ese deporte extremo,
de
buscarte entre las marañas de mi cabello,
que baila
feliz por tenerte en frente,
o a la
izquierda,
o a la
derecha,
o arriba,
o arriba,
o abajo,
o afuera,
o adentro,
o cerca,
muy cerca.
Me gusta
pensarte cuando el semáforo se pone en rojo,
y olvidarte
cuando se pone en verde;
extrañarte
cuando está nublado,
y luego ser consciente de que los días de sol son a
tu lado.
Me gustas
cuando estás, un poco más que cuando no;
y
definitivamente me gustas más cuando me voy,
y te dejo
pensando: Esta loca no volverá.
Y un día
habrás de atinar con la profecía,
y
entonces, quizá, más que nunca, me gustarás,
más que
Manú Chao,
y sus
locas cancioncitas de fondo,
más que el
mentol, y la hierba,
más que
todo.
Me gusta
creer que volveré,
me gusta prometerme
que no lo haré otra vez,
me gusta
besarte a petición,
y sólo por
ello, rompería mi promesa una vez al mes.